Bueeeeno, bueno, bueno...

Ayer hizo una semana del concierto de Muse. Parece más...

Bueno, pues ahí va mi crónica del concierto:

La cola en el Palacio de los Deportes era impresionante, y aumentaba por momentos. Y, según oímos, había tres colas más. Llevábamos esperando casi dos horas, y hacía un frío horrible. Ahí, sentada, mientras el resto de la gente comía, bebía y se reía, me di cuenta de que no me sentía demasiado emocionada; es más, llevaba toda la semana tratando de asimilar que había concierto, pero sin grandes resultados.

Cuando abrieron la puerta (serían las 8) la cosa cambió; comenzó a haber movimiento y el ambiente se llenó de expectación y sentimiento de urgencia. Corrimos a pista, pero poco después cambiamos de idea y nos recorrimos medio estadio para apoltronarnos en las gradas centrales. (Nota: la próxima vez no llevo abrigo para no necesitar dónde dejarlo).

No podía estarme quieta; me levantaba, miraba hacia el escenario, me sentaba, me levantaba, miraba para atrás. Incluso fui a comprarme una camiseta. En mi mente repasaba las letras de las canciones una y otra vez. En los últimos meses no había estado muy atenta a Muse: su nuevo disco me decepcionó un poco y me centré más en otras bandas. Esperaba no desilusionarme más.

Poco después de que entrásemos todos empezaron a tocar Biffy Clyro. En fin, no estuvieron mal, pero todos estábamos allí para otra cosa. El espacio en el que tocaban era reducido, me llamó la atención. Todo quedaba ocupado por tres bloques enormes que no adivinaba qué serían...

Después de acabar los teloneros, aún pasó media hora hasta que empezó el espectáculo de verdad. Las tres columnas quedaron iluminadas por la proyección de unas figuras subiendo unas escaleras. La expectación crecía por momentos. Las figuras se pararon y empezaron a caer. Cuando la última de ellas hubo caído, las telas que cubrían los bloques cayeron y dejaron ver a los tres componentes de la banda: Matthew Bellamy, Christopher Wolstenholme y Dominic Howard. ¡Estaban en el centro de las columnas!

Nada más aparecer se oyeron los primeros acordes de Uprising. Fue una versión impecable, y metió a todo el público un subidón que duró en la siguiente canción, Resistance. A diferencia de muchas de las personas que me rodeaban, me sabía las letras al dedillo, así que no tuve problema en cantarlas (o más bien desafinarlas) enteras.

Ya cuando empezó New Born, la cosa se desparramó: todos comenzamos a saltar y gritar como locos. Map of Problematique y Supermassive Black Holes mantuvieron el ánimo bien alto. Con MK Ultra, de su último disco, y Hysteria, todos hacíamos ya reverencias. La cosa decayó un poco con Nishe, instrumental y poco animada, mientras se proyectaban las caras de un montón de Desaparecidos en los bloques (que, por si no lo he mencionado, subían, bajaban y giraban). Fue seguida por United States of Eurasia, una canción que en casa no me disgustó pero que en el concierto no fue un acierto.

Poco después sonó Feeling Good, una canción que siempre me encanta, y que allí no fue menos (a pesar de que Matthew no pudo levantarse a gesticular con el megáfono xD). Entonces Chris y Dom se marcaron un solo acojonante mientras giraban en la columna central. Bastante más heavy que su trabajo en general, me encantó.

Entonces llegó Undisclosed Desires, una de las canciones que me dejaron a cuadros cuando escuché el disco por primera vez. No comments, espero que vuelvan a su antiguo estilo (o que sigan experimentando pero para bien). Con Starlight volvimos a motivarnos todos y nos volvió el ánimo del principio del concierto. Plug in Baby y Time is Running Out fueron simplemente ALUCINANTES. Todos saltamos y gritamos como locos, eufóricos. Manteniendo el nivelazo, Unnatural Selection, probablemente mi canción favorita de The Resistance.

Muse se marchó entonces, esperando a que les llamásemos. Volvieron entre vítores y se marcaron los últimos temas: Exogenesis Symphony, Stockholm Syndrome (WOW) y un extraño tema con Chris a la armónica que nos descolocó y dio paso a un inmejorable Knights of Cydonia que fue el broche PERFECTO.

Había pasado una hora y media, y todos teníamos ganas de más. No soy la única que piensa que fue corto. Muse tiene la gran suerte de poseer un dominio sobre los instrumentos fuera de lo común, que les permite hacer de cada concierto algo único. Salí contenta y emocionada, sabiendo que había sido un concierto histórico, pero no podía dejar de pensar que no habían tocado ninguna del primer disco. Muscle Museum, Cave, Unintended (para sacar mi mecherillo, que solo pude juguetear con él en el principio de USoE), más Invincible, Apocalypse Please... Sé que es imposible tocarlas todas, pero eché de menos algunas canciones imprescindibles (y de más alguna de las que tocaron).

En fin, la cosa es que me tiré tres días afónica y sin poder quitarme las canciones de la cabeza, así que bien xDDD Y ahora estoy ansiosa porque saquen el concierto en DVD y digan cuando vuelven a España (dijeron que el año que viene, y lo más probable es que sea a Benicassim). Mientras tanto, voy haciéndole la pelota a my mother para que me deje ir a Wembley o, al menos, a alguno de los otros que pilla más cerca (Portugal, Alemania, Italia, Francia...). ¡¡NECESITO VERLOS DE NUEVO!!

((Comentario en el metro, volviendo a casa:

Elena: oye... nunca te había visto tan desmelenada, ¿eh?

Yo: ... ¡ni yo!))

Estoy tan ansiosa por ver un concierto, que me he apuntado al plan de ver a Arctic Monkeys en febrero... Ya contaré...

Au revoir!