[Justo Después De Ver Cold Mountain]
Yo tengo a veces estos momentos tan extraños. Al despertar por la mañana o acabar un libro, por ejemplo, pero, sobre todo, cuando una película se termina. Primero me vienen las palabras, que son difusas y huidizas. Después, las frases, que poco tienen que ver entre sí. Luego viene el momento angustiante al darme cuenta de que no me dará tiempo a alcanzar el ordenador, o un pedazo de papel, antes de que todo haya volado.
A mi hermana le hace mucha gracia que me quede tan callada después de algunas películas. Se me queda mirando, se ríe y suelta alguna lindeza como “Mírala cómo se hace la guay”. Me fastidia, tanto porque me enfado y se me escurren las palabras como porque es la guinda de todo lo que hace, el soltar alguna frase de desprecio.
Volviendo a lo que decía, siempre en esos últimos momentos tengo la certeza de que las palabras se disiparán antes de que alcance el papel, pero eso no impide que siga mi frenética búsqueda. Es triste, porque tengo cosas bastante buenas (o al menos eso me incita a creer mi ego) dentro de la cabeza, pero rara vez consigo sacarlas, al menos enteras.
Renuncié cuando era pequeña al sueño de ser actriz, y ahora renuncio al de ser escritora. Lo dejaré, como me aconseja mi madre, como un hobby. Sin embargo, si la inspiración es caprichosa, y nos viene cuando le apetece… al dejar la escritura como un “quizás”, es más probable que me visite cuando esté trabajando a que lo haga cuando estoy con un papel en la mano. Pero bueno.
Estoy teniendo una racha melancólica y medio depresiva, de sentarme delante del ordenador y sentirme sola a pesar de los 30 conectados. He rescatado muchas canciones tristes y las he escuchado en sesión continua. Hoy, sin embargo, he dejado por un día lo de encerrarme en casa, he salido con Luis y me lo he pasado demasiado bien. Cuando me he despedido en la puerta sonreía, pero a medida que el ascensor iba escalando pisos se me borraba la sonrisa. Me culpaba a mi, por “no haber sido capaz ni esta vez”, y a él porque no se entera. El caso es que esta media felicidad de hoy me ha hecho salir un poquito del pozo, así que dejo dos canciones. Una de Eric Clapton, para hundirme en la miseria y, para compensar, otra de Counting Crows, que siempre, siempre, me hace dar botes en la silla. Ya cuando empiecen las clases y me vuelvan el odio y la ira pasaremos al heavy.
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encontrada dijo
Y la película ¿qué tal? Casi la veo el otro día, pero al final nada. Yo tengo una racha parecida, creo que también me hace falta un poco de ira de esa que dan las clases, y estar más ocupada, pensar menos... yo que sé. A ver si pasa rápido. Un abrazo
7 Septiembre 2008 | 09:47 PM